30 de Septiembre: Día del maestro

30 septiembre 2008 at 9:37 am 2 comentarios

El árbolde la vida de Gustav Klimt

Casualidades de la vida, llevo varios días pensando si escribir o no escribir sobre el tema, pero el otro día por la mañana me topé con un cartel de estos que hay en las paradas del autobús y lo vi claro. En el cartel se anunciaba el día de maestro, 30 de septiembre y yo no paro de darle vueltas a un tema: la muerte de uno de mis profesores que me ha marcado.

Como todas las pérdidas de personas queridas ha sido un palo. Pero por inesperada y desconcertante creo que me ha impactado más. Un buen día, un hermano de la Salle, del colegio donde he crecido y me he criado, muere y me llega un mail  a mi bandeja de correo avisándome que se celebrará un funeral próximamente. No podía creerlo.

El Hno. Pablo ha sido un referente y un maestro inigualable para muchas promociones del colegio y TODOS le recordamos con extrema ternura. Aunque tenía un carácter para no cruzártelo por el pasillo si habías sido malo, el resto de las veces era el profesor que todo alumno quisiera tener.

Recuerdo cómo desde pequeños nos mimaba y cuidaba. En el comedor, nos partía los filetes de ternera (estaban tiesos) en trocitos pequeños por si no teníamos fuerza ni habilidad con el cuchillo. Jugaba a hacer malabares con los vasos y luego nos servía el agua. En los recreos siempre estaba rodeado de niños pidiéndole que fuera a por la escalera porque habíamos colado un balón en el tejado o que nos diera caramelos o bolitas de anís.

¿Sabéis esas bolitas blancas de las que hablo? No se a quién pueden gustarle, bueno pues de niños, a todos nosotros nos encantaban gracias al Hno. Pablo. Eran sus premios. Si te portabas bien, si tenías limpio el cuaderno de matemáticas, si habías sacado buenas notas o eras genial en cálculo mental eras premiado con sus famosas bolitas o los caramelos rojos de Drácula y verdes de Frankestein. ¡Ay qué de recuerdos a caramelos cuando pienso en mis años de colegio!

Creo que cada maestro o profesor trata de dejar su legado en sus alumnos. Es como una semilla que planta en cada uno de ellos y que luego, cuando crezcan, deberán regar para sacarle fruto.

El Hermano Pablo fue una figura clave para muchos de nosotros, pero a mí me enseñó muchas cosas importantes. Desde que tenía 8 años me apunté con él y con otros dos hermanos aventureros a las escapadas que hacían a la sierra con el grupo de senderismo del colegio. El Hermano Pablo siempre llevaba la sotana esa negra con el babero que ha quedado en nuestras memorias. Sólo se vestía de otra forma para las excursiones de los sábados. El cambio era brutal. De la oscura sotana austera, uniforme de su hermandad, de la que, por cierto, todos tirábamos para llamar su atención a unos bombachos marrones, una camisa azul, un jersey gris y unos calcetines de un insultante rojo pasión.

El Hermano nos enseñaba a seguir andando cuando estábamos cansados para superarnos, a parar cuando se necesitaba aliento, a cuidar el medio ambiente, a no ir gritando para alterar a los animales, a escuchar los sonidos de la sierra y en definitiva a valorar la Naturaleza.

El funeral se celebró en el colegio. La iglesia estaba a reventar. Fueron los padres de los exalumnos que hoy por hoy ya trabajan. Más de veinte promociones de alumnos que le tuvieron como maestro o coordinador. Todos con el corazón en un puño al conocer la noticia. Todos sobrecogidos pero allí, porque fue importante, porque lo seguirá siendo siempre. Todos volvemos al ser niños al volver al colegio y más en estas ocasiones.

Ojalá el Hno. Pablo sepa lo importante que fue para tantos y tantos niños, que hoy son mayores e incluso padres, y que al conocer la noticia volvieron al colegio para recordar a aquel maestro con alma de niño.

En la finca que tenían los hermanos en Collado Mediano y en la que muchos años estuve de campamento, planté un árbol por primera vez con el Hno. Pablo guíando cada paso. Como no paré de pensar en él durante varios días, decidí hacerle mi pequeño homenaje. Este fin de semana me subí a la sierra a plantar un árbol en su memoria. Creo que es el mejor homenaje que puedo hacer a alguien que me enseñó a amar la naturaleza, no?

Edito: Acabo de enterarme de que el año pasado casualmente el día del mestro fue también el día del árbol. Qué cosas.

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2 comentarios Add your own

  • 1. q256  |  30 septiembre 2008 en 9:54 am

    La verdad es que sin conocer al Hno. Pablo, al leer tu historia uno le coge cariño irremediablemente, y desearía haber tenido un profesor así.

  • 2. Jose  |  24 septiembre 2011 en 10:01 am

    Si la vida nos pone buenas personas en el camino, es para que luego nosotros seamos buenas personas. Gracias por tus palabras

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