Entradas Etiquetadasaikun
¿Nada es como antes?¿O soy yo?
Hace ya unos años que los ratos de universidad pasaron. Por azar o por cierto error de los funcionarios de la secretaría de mi facultad, o quizá por desdén de alguien sin nombre, yo sigo esperando el título que tantos años de paseos por la zona universitaria me costaron. He ido a reclamarlo en dos o tres ocasiones, dicen que siga esperando. Un día mandaré a mis nietos a ver si para entonces lo ha firmado el que le hace la gestión al rey.
El caso es que hacía bastante tiempo que no iba por Moncloa, zona por la que pasaba casi a diario cuando estudiaba. Sí he vuelto por allí a cosas puntuales, pero por ello, nunca me fijaba en lo que pasaba a mi alrededor; iba al restaurante, cenaba y me iba o entraba en el hospital, me hacía la resonancia y volvía a casa.
Pues hoy- tras por cierto hacerme una resonancia por un lumbago que parece durar años- he deambulado por aquella zona con los ojos de alguien de más de diecitantos veintipocos. Es curioso ver cómo tanto recuerdos de distintas épocas van emplazándose poco a poco en la ciudad en la que hayamos pasado al menos un tiempo.
Por Madrid me pasa que podría caminar y cada 200m sabría contaros una anécdota. Allí conocí a Fulanito. En ese banco estuvimos toda la tarde charlando aquella amiga y yo. Este bar lo conocimos cuando mi amiga Piticlín salía con tal tipo que conoció no sé cómo. Y así mil historias. Pero me estoy desviando del tema.
2 comments 17 Noviembre 2009
El otro día en el metro sentí su desprecio
Un chico del Este va dejando papelitos pidiendo ayuda para alimentar a su hijo pequeño. Dice no tener trabajo y no poder conseguir dinero de otra forma… Recorre todo el vagón dejándonos un papelito a cada uno y da tiempo para que la gente lo lea. Luego pasará recogiendo uno a uno, cuando a la gente le haya dado tiempo a conocer su historia.
Algunos removemos la calderilla de nuestros bolsillos para ver si podemos sacar algo que no sea cobre. Otra gente lo coge o lo deja en la silla más cercana para que lo vuelva a coger, porque no pueden o no quieren darle dinero…
Pero un señor tuvo el desprecio más grande que yo he visto. Aún sigo marcada.
El chico del Este dejó su papel sobre la pierna del señor sin apenas rozarlo y el señor puso una cara de asco extrema, haciendo un gesto claramente ofensivo, movió su pierna para tirar el papel al suelo y miró al chico con el mayor desagrado que yo he visto jamás. El chico pobre, tan mal se sentió, que recogió del suelo su papelito y siguió su camino. Mientras estaba agachado el pobre, el hombre malhumorado farfulló algo.
Yo me sentí ofendida por el chico. Miré al señor con el mismo asco con el que él había tratado al pobre y dejé bien claro que me cambiaba de sitio por lo que acababa de ver. Estuve a punto de decirle:
“No sé quién me merece más pena, si él por no tener dinero, o usted porque jamás conseguirá la categoría ese pobre hombre”
A veces el mundo me da pena y la gente, en concreto este tipo de gente ASCO.
Imagen @ http://www.todo-mascotas.com/
Leer también:
Los hombres grises de los cuentos de cuando éramos pequeños
2 comments 11 Noviembre 2009
Encontrar tu libro, toda una misión.
Encontrar un libro que te guste, que te entretenga y que te absorba no es tarea fácil. Para alguien a quien le guste leer es frustrante ver cómo, durante temporadas, lo que compra no satisface sus expectativas y los libros que creías que te iban a durar días en la mesilla te duran años, cogiendo polvo en la estantería, porque no eran lo que esperabas. La decepción por un libro es un sentimiento muy incómodo.
A veces vamos a las librerías y nos quedamos un rato dando vueltas por alguna sección. Es un momento mágico cuando la portada de un libro te llama la atención. Hay miles de libros y justo uno, ese libro, hace que tus ojos se paren sobre él. Te puede llamar la atención el diseño, el tamaño, el color de su portada, el olor de sus hojas, ¡mil cosas!…. Y durante un minuto es como si ese libro te estuviera mandando un mensaje sólo dirigido a ti.
<Soy tu libro, elígeme a mi, prometo darte muchas tardes otoño en el sofá, y entretener tus paseos en el metro, te garantizo que se te olvidará la hora de cenar si me abres…>
2 comments 03 Noviembre 2009
Horquillas para rubias y morenas
Hay una chica con la que coincido en el autobús de camino al trabajo, que siempre lleva su pelo recogido con dos sencillas horquillas.
Tiene un pelo precioso, siempre limpio y que huele a frutas exóticas pero lo afean, si es que este verbo existe, dos horquillas.
Para los no expertos en el tema, o el 89% de los posibles lectores de esta entrada, hay dos colores para horquillas: negras, para las morenas, y unas medio amarillas, para las rubias o castañas.
Esta chica tiene el pelo del color negro azabache. Como el chatún. Negro como los agujeros negro del espacio y negro como el betún de los merceditas de cuando mi madre me vestía de pequeña. Vamos, que le corresponden las horquillas …negras.
Pues no, cada mañana, ella erre que erre, se pone sus sencillas e ingenuas horquillas de rubia, y nos cruzamos un par de miradas en el autobús medio compadeciéndonos por los madrugones.
Estimada amiga de la línea 53, hay dos tipos de horquillas: para rubias y para morenas. Y déjame decirte, que no es por manías ni casualidades, pero a ti te corresponden, como a mí, las más oscuras.
Un saludo de la chica de la cola de caballo.
4 comments 19 Octubre 2009