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El cáncer se lleva a Maurice Jarre
Si por nombre no os suena, ojalá os suenen muchas de sus obras porque para mí este hombrecillo canoso ha significado un hito muy importante en la Historia del Cine.
Si bien, en alguna otra ocasión hemos hablado de aspectos del cine de gran transcendencia, aunque para muchos oculta, como la iluminación o no saltarse el eje en el montaje, el tema de hoy es la música en el cine. Y no podemos hablar de música sin pensar en él.
La música en el cine sirve para enlazar escenas, para hacerlas más vibrantes, más conmovedoras, para suscitar tensión o pánico, para dar pistas en películas de suspense, para hacer visible a algún personaje que tuviese asociada una melodía, para mil aspectos. La música es importantísima. No es sólo una parte más de la banda sonora de una película. La mejor película queda desnuda sin una gran banda que la acompañe.
Y, como digo, no concibo hablar de la música sin citar a esta fantástica figura de la creación de las mejores bandas sonoras de películas tan conocidas como “Doctor Zhivago”, “Lawrence de Arabia”, “El hombre de Kiev”, “El cóndor”, “Gorilas en la niebla”, “La noche de los generales” o “El día más largo”, “Ghost”, “El tambor de hojalata”, “Pasaje a la India”, “¿Arde París?”,”Soñé con África” “El coleccionista”, “La caída de los dioses”, “Único testigo“…

No me imagino la escena de Patrick Swaisze ni a Demi Moore interpretando la superfamosa escena del torno de arcilla y la gramola sin esa música, ni el baile en la cocina entre Harrison Ford y Kelly McGillis en único Téstigo. Son momentos que no se pueden separar.

Maurice Jarre -desde el otro lado de la pantalla- ha bordado y firmado con auténtica profesionalidad obras maestras de directores como John Frankenheimer, Alfred Hitchcock, John Huston, Luchino Visconti o Peter Weir.
No es coincidencia que cada vez que suene una música realmente hermosa o especialmente conmovedora este señor estuviera detrás de ella. Tenía un don. O yo lo creo así, y quizá por ello fue recientemente homenajeado en el Festival de Berlín, recibiendo un Oso de Oro por su trayectoria y nominado muchas veces, pero muchas a los Globos de Oro.
| Año | Categoría | Película | Resultado |
|---|---|---|---|
| 2000 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | Sunshine | Candidato |
| 1995 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | Un paseo por las nubes | Ganador |
| 1988 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | Gorilas en la niebla | Ganador |
| 1986 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | La costa de los mosquitos | Candidato |
| 1985 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | Único testigo | Candidato |
| 1984 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | Pasaje a la India | Ganador |
| 1975 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | El hombre que pudo reinar | Candidato |
| 1972 | Globo de Oro a la mejor canción original | El juez de la horca | Candidato |
| 1966 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | ¿Arde París? | Candidato |
| 1965 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | Doctor Zhivago | Ganador |
| 1962 | Globo de Oro a la mejor banda sonora | Lawrence de Arabia | Candidato |
Cuando cumplió 50 años de compositor en la profesión, y tras años viviendo en Estados Unidos, volvió a su tierra natal, y en el Auditorio de Lyon, interpretó muchas de sus mejores obras con sus familiares y amigos presentes.

En aquel momento el director del festival, Dieter Kosslick, dijo: “A menudo, los compositores de música para películas se quedan en la sombra de grandes directores y estrellas”.
Ochenta y cuatro años de notas y acordes se lleva el cáncer, 140 participaciones en bandas sonoras, tres Oscar y ocho nominaciones… pero su música, íntima y super conmovedora nos queda; así como el trabajo de un hombre profundamente ligado con la Historia de las Grandes Bandas Sonoras.
pd. Como dato curioso decir, que si a alguien le encantan los anuncios de La Once, creo también el hizo su música.
Fuentes: imagen de Maurice Jerre ( AFP), BBC Mundo /Cultura y sociedad/, la wikipedia…
Mi historia de no amor con Alex de la Iglesia: Cuánta razón, cuánta admiración.
Hace mucho tiempo cuando yo aún era joven y lozana e iba a mi facultad con ilusión anunciaron que un ser de inestimable prestigio a nivel nacional iba a acudir a vernos: Alex de la Iglesia.
Reconozco que me dije que me saltaría las clases que hiciese falta para poder oír hablar a un director de verdad, uno como los que yo quería ser. Casualidades del destino jamás le oí ni le ví, al menos en mi facultad. Él fue dio su charla y volvió a su casa con su familia. Y yo con la mía. Pero no coincidimos. Y aquí acabo nuestra preciosa historia de no amor.
Hoy leyendo en Internet ( El Pais.com), he descubierto unas declaraciones de mi entonces admirado, y hoy más si cabe, Alex de la Iglesia. Os dejo con ellas porque hace unas estupendas reflexiones sobre el cine español, el cine de autor, el cine comercial y porqué puede y porque no pueden triunfar ciertas películas. Olé tú.
Un toque de canela: la crítica
Un toque de canela, dirigida por Tassos Boulmetis y protagonizada por Georges Corraface, Ieroklis Michailidis, Renia Louzidou, Stelios Mainas y Tassos Bandis es una magnífica apuesta para la tarde del domingo, y más ahora que hace un frío que pela y apetece poco salir al cine. La película es del 2003, pero no tiene desperdicio.
Tiene todo lo que uno puede querer ver en un filme: Historias de infancia, amor, relaciones sentimentales, humor, cocina, geografía, cultura, reflexiones existenciales…
Es, por tanto, un guión perfectamente escrito y llevado a la pantalla. Cada escena ha sido rodada magistralmente, aunque en algunas descubrimos un bajo presupuesto, pero todas enlazan con la siguiente escena de forma original y diferente.
¿Os imagináis volver a algún recuerdo de vuestra infancia, en el que vuestra mayor preocupación era jugar a las cocinitas con una amiga en el desván de una vieja tienda?

Nos sumergirnos casi sin darnos cuenta en la infancia del protagonista, que emanan al recibir una llamada de teléfono y nos describen una bellísima historia de amor, humor y diplomacia mezclada con toques dulces y amargos.
El presente y el pasado del protagonista, un profesor de cuarenta años de astrofísica, nos atrapan desde el principio y nos hacen dar un paseo a través de las especias de la tienda del abuelo Vassilis, que nos ayudarán a entender el orden de los planetas, como aderezar un buen plato de albóndigas o cómo aprender a ser feliz en la vida.

No es un dramón; no es una comedia. Es una peli agridulce con una bonita amistad entre dos niños que tienen que separarse, una familia que está dividida entre dos ciudades y unas postales con olores y unas radiografías que dan la vuelta al mundo mientras nuestro protagonista encuentra su sitio entre Atenas y Estambul.


Y no os cuento más, tendréis que descubrir el resto vosotros.
Yo no me canso de verla, de aprender de relaciones internacionales, de estrellas y de personas y de cocina gracias a olores como, por ejemplo, el olor a canela.

Ver también:
Nota al chico de los Cines Verdi
El “retorno de las brujas” y un divertido juego de palabras en inglés


En la cuaresma, en marzo del 415, acusada de ejercer sobre Orestes una influencia contraria a Cirilo, fue asesinada. Un grupo de cristianos, exaltados, la encontraron en el centro de Alejandría, “la arrancaron de su carruaje; la dejaron totalmente desnuda; le tasajearon la piel y las carnes, hasta que el aliento dejó su cuerpo; descuartizaron su cuerpo …”. Otras fuentes dicen que el asesinato de la hija del grán Teón de Alejandría, no se haría esperar ya que defendían que ella en vez de convertirse seducía a muchos con sus artes satánicas, y un grupo compuesto por el propio Cirilo, llamado los parabolanos sacaron a Hipatia del carruaje con el que se dirigía a casa para introducirla por la fuerza en la iglesia del Cesarión, donde fue brutalmente apaleada, desposeída de sus ropas y lapidada con trozos de cerámica. La barbarie culmino arrojando el cuerpo sin vida de Hipatia a una gran pira, donde pudo arder su cuerpo, pero no sus logros y su recuerdo. Es díficil filmar algo así, casi imposible mantener la vista en el cine y curioso encontrar a una doble que se preste.

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