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Visita al starbucks con mi madre

starbucks logoHoy a la hora de comer he quedado con mi madre para ir a dar un parte al seguro del coche porque un desalmao ( ja se te caiga una teja en la cabeza) durante el finde robó mi matrícula y me rayó el coche. Tras el disgusto, todo pasa, y las dos horas en comisaría, tocaba dar el parte.

Tras esto y no sin antes reconocer que me ha sorprendido mucho la eficacia de mi seguro entre semana (aunque si por ellos fuera si me mato un domingo me podrían haber dado mucho por donde amargan los pimientos) me fui a comer y a tomar un cafelín con mi madre.

Cabe mencionar para la mejor comprensión de la narración mi absoluta devoción y admiración por quien quiera que tostará el café por primera vez e hiciera de este fruto sagrado una infusión. Bendito él/ella.

Total, que se me ocurre enseñarle a mi madre el Starbucks. Y nunca me han abierto los ojos de esta forma. También bendita mi madre. Entramos y una bocanada de calor invade nuestros pulmones. Nos acercamos a pedir y una mujer adorable con rostro amigable y tranquilo nos pregunta que qué deseamos. Yo al segundo respondo, ya por la práctica y muchos Starbucks a mis espaldas, un Mocca Bianco Venti. Mi madre lo flipa. Sucinta y seria pero firme dice ” Yo uno con leche”. La señora que nos atiende sonríe y dice:

-Te pongo doble de café porque el café que usamos aquí te lo dejaría sólo manchado.

Mi madre que se sorprende más, le dice:

-Ponme lo que quieras…yo sólo quiero un café con leche.

La buena mujer de nuevo infinitamente cordial y dulce comenta:

-Le ponemos un sirope de vainilla para darle más sabor, ¿o prefiere algún otro sirope?

-Yo no quiero siropes, quiero un café. Con leche. Por favor.

-¿Su nombre?

A mi madre se le espetellan los ojos.

Le explico que se lo piden para ponerlo en el vaso de plástico.

Alucina más.

-En seguida se lo sirve mi compañero. Pueden esperarlo al final de la barra. Son 6.75.

Mi madre no da crédito. Está a punto de saltar. Sé lo que está pensando, pero no sé hasta dónde llega su sorpresa y admiración.

Pagamos y esperamos nuestras bebidas. Buscamos un silloncillo burdeos de esos que suelen tener pero son quedan unos tristes taburetes.

Y mi madre concluye atónita:

“Total que acabo de pagar casi 8 euros por dos cafés en vaso de plástico que he recogido yo misma de la barra para acabar tomándomelo incómoda en un triste taburete. Yo aquí no vuelvo.”

Que gran verdad. Que nobleza la de mi madre y qué sabia.

12 febrero 2008 at 1:00 am 10 comentarios


Aik


Soy Aik, tengo 27 años y vivo en Madrid. Tras años en foros y webs monté mis dos blogs El mundo de Aik y Los Fieltrines de Aik.
Twitteadora reciente y facebookeadora poco creyente, escribo sin presiones y a mi ritmo de lo que me gusta.

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