La mala educación

06 abril 2008 at 6:27 am 2 comentarios

No voy a hablar de la película de Almodovar, qué va. Hablo de una tendencia actual a tolerar la mala educación como algo corriente. Y yo no sé vosotros, pero es que a mi, no me parece habitual, ni tolerable, ni nada, vaya.

En mi familia gracias a Dios, he recibido una educación y unas costumbres que a veces me parece que son minoritarias por lo que yo veo a mi alrededor. Parece cada vez menos habitual pedir las cosas por favor y dar gracias cuando te han ayudado. Ahora te sorprende si un hombre te abre la puerta o te separa la silla cuando te vas a sentar, cuando no debiera sorprender, sino agradar en cualquiera de los casos.

Cuando una mujer o un hombre siempre va bien arreglado, peinado y limpio, se alaba como virtud lo que creo es que eso debiera ser la norma y no lo contrario. Ducharse no es de gente limpia, sino de gente normal. Lo de pasar varios días sin ducharse es una soberana guarrada.

Igual que si una mujer tiene un compromiso y no se molesta en arreglarse mínimamente (ir a a peluquería o tener el pelo arreglado y en oler bien o maquillarse si lo considera preciso), sigo pensando que no es nada coqueta y lo entiendo no sólo como una desatención hacia la persona que ha quedado con ella, sino también una desatención hacia sí misma. Todos hemos pasado épocas más perezosas y menos arregladas, pero el abandono por completo de uno mismo, tendréis que estar de acuerdo conmigo, en que sólo genera un círculo de perdición absoluta y un buen día te miras al espejo y te asusta ver en lo que te has convertido. Esto es muy habitual en épocas de exámenes, por ejemplo, tanto en chicas como en chicos; son épocas en las que una no se arregla nada para evitar la tentación de salir aunque sea a tomar una coca-cola y escoge los pantalones más anchos, si son de pijama de algodón o felpa mejor, y el jersey pelotillero más viejo más ruinoso del armario. Así estamos muy cómodas para estudiar. Pero pasa que el día antes del final de exámenes nos miramos al espejo y somos lo más parecido al hombre de las cavernas.

guarradaLos hombres de igual forma, tienen también épocas más descuidadas y es igualmente reprochable. Es también habitual escuchar entre el género masculino universitario la famosa promesa de “hasta que no pasen todos los exámenes no me afeito”. Que yo, insisto, no sé a quién se la hacen, ni a quién puede agradar, ver al mismísimo hombre de la cavernas entrando en clase para examinarse.

Por respeto a los demás y a uno mismo, la gente debe mantener una higiene mínima. Pero que esto no lo digo yo sólo, es que es un deber del trabajador. Es inhumano trabajar al lado de alguien que no se cambia de traje, que dice que ÉL no suda, y que por Dios bendito, tú das fé de que sí. Él y todo el mundo suda. Si no es nada malo, nos pasa a todos, pero unos nos duchamos y tomamos medidas para no apestar y otros siguen sin creer que la cosa vaya con ellos. Desde aquí un grito de auxilio por los compañeros de oficina de los apestosos.

metro olorLo mismo en los medios de transporte, por lo general en los medios de transporte público. Si todos pudiéramos ir en coche, sin que el planeta reventara de polución, iríamos, pero a veces, no queda otra que coger el metro o el bus y más cuando no quieres pagar por el aparcamiento, la gasolina, el seguro, las reparaciones… Pues bien, te metes en el vagón, y un perfume embriagador lo invade todo. Tú te cercioras de que ese hedor no pertenece a ninguna parte de tu cuerpo y sin embargo lo sientes TAN dentro…Y esto, ¿Por qué? Porque el suso dicho elemento foco del pestazo, se encuentra a tu derecha, con el brazo en alto, bien agarrado a la barra de los frenazos. “Por favor, hágale un favor a la humanidad, y cárguese la capa de ozono”– te dan ganas de espetarle. “Haga lo que sea necesario con tal de que esto acabe”.

Pues esta anécdota que todos hemos vivido sigo pensando que es por una falta de higiene y de RESPETO.

Más aspectos relacionados con la mala educación son los coches. Conducir saca muchas veces tu verdadera personalidad. Los tranquilos, son lentos, no se inmutan si les pitan, van a su rollo, por su carril y giraran cuando lo estimen conveniente. Los rapidillos y nerviosos, no encontraran inconveniente alguno en cambiarse de un carril a otro sin ton ni son, y tratar de adelantar en curvas y rotondas para ser los primeros (en dársela, creo yo).

La mayoría de los accidentes y probablemente muchas de las colisiones responden a un único motivo: la falta de respeto y de tolerancia. Si bien las señales son necesarias, una de las cosas que yo más echo de menos al volante, es el sentido común. Vamos a ver, si el semáforo está en verde para ti, conductor, pero ves que hay una abuelilla, apurada la pobre, que no ha terminado de cruzar, es por RESPETO que tú esperas paciente hasta que ésta alcance la acera. Pitarla, amenazarla con el embrague y el ruido del motor, o esquivarla cual si fuera un auténtico estorbo son muestras de mala educación y falta de tolerancia.

ele autoescueleraLos pobres autoescueleros o los noveles, son lentos, inseguros, temerosos y temerarios en ocasiones, pero también son hijos de Dios. Todos hemos pasado por esos momentos de inseguridad, de dudas al volante, en los que rezas porque no te piten si no consiguen meter primera al segundo, o si tardas mucho más al aparcar en una calle estrecha. Se pasa mal si te acogotan. Uno tarda mucho más y acaba cogiéndole miedo o asco a conducir. Eso no puede ser. La gente tiene que tener paciencia y empatía. Es sin duda, otra muestra de educación esperar para que el novel no lo pase mal, porque también esperaron por nosotros los que hoy ya ni conducen seguramente.

cedaLos cedas: Esa señal tan ignorada por tantos y tantos conductores. Sobra decir que es poco respetuoso además de una salvajada ir saltándose cedas por la vida. Un ceda, es como cuando uno va a entrar en una sala, y sujeta la puerta para que los demás pasen. Es un esperar para que todo el mundo se incorpore a su lugar. Pero claro, para todo esto, es necesario perder 30 segundos de nuestro maravilloso tiempo y hay gente que por los demás no está dispuesta a hacer un esfuerzo ni a perder su tiempo. Mala educación.

Y a todos estos ejemplos es a lo que voy. Se toma como habitual lo que no debiera ser la norma. La cerdez extrema, la falta de atención, de higiene, de cuidado y mimo en lo que haces, de tolerancia, de respeto y de paciencia… parece ser que se han asumido como lo corriente. Y no señores, no nos dejemos convencer.

La mala educación y la falta de honradez no son plausibles. Hay que darse cuenta de que aunque habituales, lo correcto es lo que se nos enseñó de pequeños y no dar pie a que se olviden los buenos valores y las sanas costumbres.

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2 comentarios Add your own

  • 1. alex  |  09 abril 2008 en 11:47 pm

    No era una mañana importante; en realidad, era la misma hora de todos los días, en el mismo lugar de todas las malditas mañanas. De pequeño me enseñaron que es de bien nacido ser educado, discreto y atento con los ajenos, para recibir las mismas atenciones. Pues bien, abrí la puerta de cristal de todas las mañanas, cuando, de la nada, apareció una mujer de unos treinta y algo que venía tras de mi. Recordé la máxima de mi vida “debes ser un caballero” y, como de costumbre, cedí mi paso para que ella pasara primero. Lo mismo de cada día, de cada misma situación: ni un falso gracias, ni buenos días, ni una mirada o sonrisa de agradecimiento: NADA. Me podría haber quedado anodadado ante esa falta de sensibilidad y humanidad, pero no fue así quizá porque, ni era la primera vez (demasiadas veces que ocurría lo mismo, de hecho) y bien seguro que no será la última.

    Entonces te planteas: “¿Merece la pena que sea un caballero?” Da la sensación que algunos interpretan la caballerosidad, la educación al dejar pasar primero a una dama, como un “yo primero, porque tu no eres nadie” ahogándose ellas mismas (y porque no, ellos mismos) en la desidia de su persona.

    Quizá esa mujer de treinta y algo olía mal, sería comprensible; mala educación, malos hábitos de vida. Uno puede imaginar que tal engendro trabaja de ocho de la mañana a diez de la noche y que, cuando llega a casa, lo que menos desea es desvestirse, ponerse al baño maría, secar y peinar su cabello teñido y todo aquello que es necesario para dar buena impresión o, simplemente, para deshacerse del hedor corporal.
    Quizá podría hacerlo por la mañana, pero a esas horas el agua está más fría, cuesta desperezarse y, agitar un desodorante sin alcohol implicar hacer un deporte extra que no se tenía calculado. Además, con las prisas…¡Quién no me quiera oler, que no se acerque a mi!” Y ese “que no se acerquee a mí” se convierte inevitablemente en creernos que somos el centro del universo, que los demás no cuentan, ni sienten, ni tienen tantos derechos como nosotros.

    Vivimos enfrascados en nuestro porte señorial, olvidando que no somos más que animales, en un mundo gobernado por ladillas lascivas. Y es que ¿Quién es el afortunado que tiene tiempo en estos días de dedicar quince minutos diarios a asearse? Quizá somos aquellos a los que nos averguenza que los demás nos huelan y pongan mueca de asco, aquellos que pensamos que, oler bien nos hace sentirnos mejor, los que no nos creemos el centro del universo y los que pensamos que, el respeto, ante todo.

    Y quizá, esa señora de treinta y pocos llegó a su oficina en su lujjoso coche que seguirá pagando cinco años más. Con sus prisas y en su camino, seguro se encontró a uno de esos bichos raros que llevan una triste “L” en la parte trasera del vehículo (porque seguro que esa señora de treinta y pocos prefiere llamar a su coche “vehículo” para no parecerse a la plebe que no llega a mil euros mensuales). Seguro que esa inmundicia humana de novato conducía lento y nuestra señora de treinta y pocos se puso nerviosa y comenzó a espetar insultos y majaderías, las mismas palabras que a ella le dijeron cuando condujo sola por primera vez y que tantos sofocones le dieron. Pero de eso nuestra señora se olvidó, porque ahora “ella sabe conducir”, hasta es capaz, de parar su coche en una estrecha calle y dejar que los bándalo que tiene detrás piten sin que ella se inmute.

    Pero la educación lo es todo, seguiré esperando a encontrar una dama de verdad, que se tome la molestía de dar las gracias, los buenos días, una sonrisa o algo que me haga sentir que, la humanidad, todavía no se ha perdido,y si evapora un olor agradable, ni se siente el centro del universo y respeta a los demás, tanto mejor.

  • 2. aikun  |  10 abril 2008 en 7:00 pm

    vaya relato alex!!
    Reconozco que a veces prejuicios o radicalismos sexistas hacen que nos se valoren lo que no son sino detalles o atenciones. No es de machista hacer la cena a tu marido creyendo que el puede llegar cansado. Es un detalle. Igual que no es feminista pedirle que hoy ponga una lavadora. Es lo normal.

    Quien no se deja mimar, nunca será mimado y quien no cuida los detalles que no espere que nadie los tenga con él/ella. Esto es así.

    un besote alex gracias por participar

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